Saltar al contenido principal

La nutrición como origen de la inflamación crónica

05 de julio, 2025 Tiempo de lectura: 3 min

Una dieta basada en alimentos ricos en calorías vacías y pobres en nutrientes esenciales puede llevar a un estado de inflamación sistémica de bajo grado.

Los azúcares refinados y carbohidratos simples elevan los niveles de glucosa en la sangre, lo que puede producir estrés metabólico y un entorno favorable para el crecimiento celular descontrolado, característico del cáncer.

Además, la falta de antioxidantes, vitaminas y minerales, como la vitamina D, el zinc y el selenio, compromete la función inmunológica y la reparación celular, debilitando las defensas del organismo.

Por otro lado, la ausencia de fibra y grasas saludables en la dieta, elementos presentes en frutas, verduras y cereales integrales, también afecta el equilibrio intestinal y contribuye a la inflamación crónica.

Cómo la alimentación puede ayudar al paciente oncológico

Comprender la conexión entre la alimentación y la inflamación crónica nos lleva a reflexionar sobre cómo una nutrición adecuada puede ayudar a prevenir el cáncer y complementar los tratamientos oncológicos. Aunque no podemos cambiar factores genéticos, sí podemos influir en nuestros hábitos alimentarios para fortalecer el organismo.

Con el tiempo, esta inflamación crónica puede alterar el ADN celular y dificultar la eliminación de células dañinas por parte del sistema inmunológico, lo que puede favorecer la aparición de tumores.

En Clinalgia, contamos con un gabinete de expertos en nutrición que te puede ayudar a llevar una correcta dieta integrativa, adaptada a tus necesidades y tratamientos para mejorar tu calidad de vida.

Te ayudamos a:

Reducir la inflamación crónica: Priorizar alimentos antiinflamatorios, como frutas, verduras, grasas saludables y especias como la cúrcuma y el jengibre, puede ayudar a neutralizar los procesos inflamatorios.

Fortalecer el sistema inmunológico: Una alimentación rica en antioxidantes y nutrientes esenciales, como la vitamina D, el zinc y el selenio, refuerza las defensas del cuerpo, ayudando a combatir las células cancerosas.

Regular el metabolismo: Limitar el consumo de azúcares refinados y carbohidratos simples, y optar por carbohidratos complejos, como quinoa, boniato y legumbres, puede mantener un entorno metabólico menos favorable para el crecimiento tumoral.

Reducir los efectos secundarios de los tratamientos: Mejorar el equilibrio nutricional ayuda a mitigar el impacto de la quimioterapia y la radioterapia, y favorece la recuperación del paciente.

Evitar descompensaciones metabólicas: Mantener una dieta rica en carbohidratos complejos, proteínas de calidad y grasas saludables (legumbres, huevos, pescado azul, aceite de oliva virgen, aguacates, frutos secos naturales y semillas, etc.)  ayudan a evitar que los tumores aprovechen los azúcares simples como fuente de energía.

Dr. Javier Hidalgo Tallón
Escrito por Dr. Javier Hidalgo Tallón